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martes, 1 de junio de 2021

¿Estamos predestinados a la salvación? Una breve disertación escotista



 

¿Estamos predestinados a la salvación? Una disertación escotista

Como menciona el Catecismo de la Iglesia Católica, la predestinación es un designio establecido por Dios desde la eternidad en la que tiene en cuenta la libre respuesta de cada uno de los hombres a su gracia (cf. CCE 600). Este designio divino no puede ser nunca hacia la condenación de ninguna criatura, pues Él no predestina a nadie a ir al infierno (cf. CCE 1037).


Pero, ¿es acaso la predestinación católica una pre-determinación de las personas a ir al cielo?, ciertamente en la Iglesia se han extendido diversas formas teológicas en las que se trata la predestinación a través de distintas tesis y es muy importante conocerlas para no caer en herejías como la de la predestinación calvinista. Una de las tesis principales expuestas en la Iglesia es la del Beato Juan Duns Escoto, conocido como el Doctor Sutil, quien a través de sus comentarios a las sentencias de Pedro Lombardo y tomando en cuenta principalmente los himnos Paulinos, da un breve repaso por esta doctrina.


Tesis escotista de la predestinación

Duns Escoto define la predestinación como «el acto de voluntad divina que elige una criatura racional para la gracia y para la gloria» (Merino Abad, 1998)[1], en este sentido la predestinación divina es siempre para el beneficio sempiterno de la criatura, no a su condenación. Esto tiene sentido debido a que, como San Pablo decía, Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim. 2, 4).


1.      Acto de voluntad divina

La definición escotista de predestinación es que es un acto de voluntad divina, no es algo que le impele a hacer su intelecto como si fuese una necesidad, sino que la predestinación, más que un efectum, es un volitum. La voluntad de Dios es siempre libre, y por simplicidad divina todo lo que su voluntad divina elige es en sí mismo bueno. Por eso Dios no puede decidir libremente destinar a personas al infierno, esto no es parte de su propia naturaleza y caería en una contradicción.


Esta manera ordenada en el obrar de Dios no se debe a que hay algo que puede hacer bueno y algo que pueda hacer malo y entonces Él decide hacer lo bueno, sino que Él es el principio de todo aquello que es bueno, correcto y ordenado, «la voluntad no se determina porque el intelecto le haya presentado el bien como objeto, sino que esta por sí misma es libre, ella es la causa total de su propia volición; este libre querer no es irracional» (Elías, 2015), esto es clave, que la elección sea libre no quiere decir que sea óptimo elegir algo irracional. El amor sobrepasa cualquier conocimiento, la lógica del amor, es la lógica de Dios.


2.      Elige a una criatura racional

La predestinación es un tema muy amplio, por lo que se va a entender una “criatura” racional como una “persona humana”. Duns Escoto toma el concepto de “persona” que elaboró Ricardo de San Víctor que lo define como: «existencia incomunicable de naturaleza racional»[2]. Los seres humanos somos existencias incomunicables en cuanto a que somos irrepetibles, Dios no ha hecho a uno solo igual a otro, sino que en cada uno de nosotros existen características que nos diferencian, que van desde esas biológicas, hasta las psicológicas y sociales. Por otro lado, al crearnos a su imagen y semejanza nos hizo racionales y con capacidad de amar y elegir libremente lo que deseamos hacer, Dios desea que el hombre libremente decida amarlo por toda su vida, por eso le da el libre albedrío.


Lo anterior posee una importancia muy alta, porque hay corrientes de la predestinación que dejan la libertad del hombre fuera de sus posibilidades, como si Dios al predestinarnos a la gloria hace que hagamos cosas que nos llevan a eso, y si estuviéramos predestinados al castigo eterno, entonces no podemos hacer otra cosa que resignarnos a nuestro destino. Esto no es así en la Iglesia Católica, el libre albedrío del hombre no se contrapone a su predestinación, Dios no juega con la libertad del hombre, este es un principio básico de su amor, no existe amor donde uno u otro no puede darse libremente, sino que está obligado.


3.      Para la gracia y la gloria

La tesis escotista explica que Dios libremente elige al ser humano para la gracia y la gloria, esto es lo que San Pablo, en su bello himno a los Efesios explica (cf. Efesios 1, 3-12). Este himno, como lo explicó el Papa Benedicto XVI, describe «el gran proyecto secreto que el Padre […] decidió actuar y revelar en “la plenitud de los tiempos” en Jesucristo, su Hijo» (Benedicto XVI, 2005).


Dios, desde la eternidad piensa en su encarnación, en su Madre, en la Iglesia, los ángeles, y el mundo entero y se lo guarda para sí mismo, pensando en que tiene preparado para su creación la gracia y la gloria, en esto consiste la predestinación: en el plan eterno de Dios para que cada criatura que libremente elija amarlo sea parte y goce de su gracia y gloria.


El himno paulino

«Bendito Dios [...] por cuanto nos ha elegido en Él antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia. En su amor nos había predestinado a ser hijos adoptivos suyos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad […] dándonos a conocer el misterio de su voluntad según el benévolo designio que se había formado de antemano referente a la economía de la plenitud de los tiempos: recapitular todas las cosas en Cristo».

 

La enseñanza de Pablo es perfectamente compatible con la tesis escotista de la predestinación, en la que Dios crea un plan desde la eternidad en la que nos hace partícipes a fin de que seamos deificados por unión a Jesús el hombre-Dios que se encarnó para la elevación a la gloria de nuestra naturaleza.


Dios nos predestina a la salvación, pero no va contra nuestra voluntad, no nos predetermina, sino que Dios desde la eternidad optó, por méritos del Verbo Encarnado, llevar al cielo a todos aquellos que libremente decidieron amarle. La predestinación, tema tan temido entre muchos católicos, debe ser más conocido para eliminar malas concepciones provenientes de herejías, y entender que es el destino pre-pensado por Dios para aquella criatura que Él ama y es receptor de su amor.

 

 

Referencias

Benedicto XVI. (6 de Julio de 2005). Audiencia General.

Elías, G. S. (2015). Potentia Dei y Liberum arbitrium desde la perspectiva de Duns Escoto. Franciscanum, LVII(163), 197-214.

Merino Abad, J. A. (1998). Cristología Escotista y Creación. Carthaginensia: Revista de estudios e investigación, XIV(25), 101-116.

Merino, J. A., & Martinez, F. (2004). Manual de teología franciscana. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

Santa Sede. (2000). Catecismo de la Iglesia Católica: Nueva versión con las últimas modificaciones para la edición española. Uruguay: Lumen.



[1] Cf. Ord.I, d. 40, q. un., n. 4 (Ed. Vat. VI' 310).

[2] Ricardo de San Victor, De Trinitate IV, e.21, como en Merino (2004).

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